Sloterdijk retoma hasta las últimas consecuencias el compromiso heideggeriano por develar al ser humano en el mundo con los demás, más precisamente la experiencia de la espacialidad o habitar [Wohnen]. El filósofo apuesta no sólo a recobrar la vigencia ontológica del espacio, sino que arroja el concepto esfera en el mundo actual y de allí re-significa una cartografía de lo humano, que mixta principalmente, en lo ontológico y antropológico.
Se interpreta que Sloterdijk propone una fenomenología de lo redondo en la historia Occidental que mapea el origen y el sentido de la experiencia del espacio en el mundo. Esto es, la reconstrucción de una cadena de aserciones de rangos vinculados en torno a la figura y concepto de la esfera y su posicionamiento en la historia como el globo que soporta la estructura para la vida humana. Se propone siguiendo a Sloterdijk la globalización como un sistema de inmunidad, espacio cobertor de invernadero, cuido y autoprotección de lo humano. Desde este marco, se intenta replantear las relaciones centro-periferia, repetición-diferencia, distancia-velocidad, que en esencia mantienen el sustrato primordial de la globalización, la relación Uno-Todo.



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