Es decir, el anacronismo nos protege de la marea comunicativa, interpretativa y académica del presente, que algunos denominan “moda”. Sin duda hay aquí reminiscencias de un Adorno que precisamente fue Murena el que introdujo a nuestra lengua. Ya Vattimo decía que en esta época, mantener comportamientos tradicionales, hacen chirriar al paradigma actual; donde todo (lecturas, interpretaciones, autores, modelos y los artefactos cotidianos) debe responder al “desarrollo, el crecimiento a lo novum como valor último”.
No abriremos juicio sobres estas prácticas discursivas, en tanto discursos que luchan y se enfrentan con otros discursos. Si nos preocupa, si esos discursos tienen pretensión de ser los discursos de verdad. Fundamentalmente porque una actividad de ese tipo, lo que esconde, sostenemos, es la idea de un pensamiento “titánico”.
En estas coordenadas postulamos que “la actualidad de lo anacrónico” es la manera de resistir al totalitarismo, siempre agazapado en la academia; es la posibilidad de seguir proponiendo la resistencia.



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