Más allá de las críticas recibidas a su particular caracterización de las mutaciones sufridas en el capitalismo y de las nuevas configuraciones laborales que teorizan, la emergencia de estas reflexiones ha suscitado un fuerte debate en el ámbito académico y en movimientos sociales en lo referido al enfoque inmanente de la ontología política propuesta por estos autores. A partir de hacer de la inmanencia una categoría central para dar cuenta de la multitud, conviertiéndose en fundamento de su unidad, algunos autores han advertido sobre las consecuencias que ello suscita a la hora de tematizar la cuestión del sujeto político y la emancipación que le corresponde.
Por un lado, una referencia central en estas críticas proviene de Rancière, quien combate la ontologización de la política en los planteos de Negri y Hardt. El filósofo francés contrapone su noción de pueblo a la categoría de multitud que utilizan los autores. Para Rancière, puede entenderse pueblo constituye el sujeto específico de la política y presupone una división en el cuerpo social que no puede ser reconducida a forma alguna de unidad inmanente.
Por su parte, en sintonía con Rancière, Laclau también ha realizado críticas al vínculo que Hardt y Negri establecen entre ontología y política. Este último autor señala que los enfoques inmanentistas implican rechazar una mirada propiamente política de las luchas sociales y eliminan el momento de la “articulación política”, la que sustituida por una supuesta agregación espontánea de las luchas.
Hacer un balance de estas críticas se torna necesario no sólo para problematizar el estatuto que le cabe a la política en el planteo de Negri y Hardt, sino también para reflexionar sobre los posibles límites que pueden tener las nociones propuestas por Rancière o Laclau para dar cuenta de demandas que están a la base de la noción de multitud, como es el caso de diferencia o de la lucha anticapalista. No solo vale preguntarse si la noción de multitud puede satisfacer las demandas que a la luz de Hardt y Negri debe cumplir , sino también si la crítica de Rancière o Laclau supera aquello que critica.



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