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jueves, 17 de abril de 2014

Matrices de opinión y circularidad en la prensa latinoamericana: los “periodistas-estrella”

Matrices de opinión y circularidad en la prensa latinoamericana:  los “periodistas-estrella” 

Federico Poliszuk (UNTREF)

Eje Temático Discurso Político 

En la actualidad la prensa y los medios en general constituyen una institución central en la producción y circulación de los discursos públicos a tal punto que no existe discurso político que no pase por los medios. Aún más, dada la relevancia de los procesos de concentración de la propiedad y la conformación de grupos mediáticos, ellos se han convertido en actores políticos cuyo protagonismo es central en la construcción discursiva del escenario contemporáneo latinoamericano y argentino. Lo corroboran su influencia en el sistema político y su peso en la construcción de la llamada “opinión pública”. Una de las modalidades de esta intervención en gran parte de la prensa escrita de Latinoamérica es la reproducción sistemática de las columnas de “periodistas estrella”, fundamentalmente del diario Nuevo Herald-Miami Herald o de El País de España. Estas notas, con matrices de opinión y tópicas bien definidas, tienen el estatuto de discurso de autoridad y han adquirido una circularidad inédita, dada su repetición total o parcial no solo en los principales medios de prensa sino también en portales de noticias, páginas webs, blogs y redes sociales. En el marco de la teoría del discurso social (Angenot 20l0), el presente trabajo analiza la reiteración de esas matrices de opinión y su circulación en un corpus de alrededor de veinte diarios de Argentina y Latinoamérica como parte de la lucha por la hegemonía discursiva.

domingo, 10 de mayo de 2009

Eje temático #2 - Ranciere: Estética y Política.



Comenzamos a trabajar en torno al pensamiento de Jacques Ranciere. Con Leonardo Pistonesi estuvimos meditando sobre las condiciones de la verdad y la política a través de "El inconsciente estético", "El desacuerdo" y "el odio a la democracia".
Meditamos sobre como establecer una comunidad política a partir del desacuerdo; sobre el velo de la verdad (lo que se dice cuando se dice u omite algo) y el acto estético como lo sublime y como parte de una retórica.
Respecto del desacuerdo y la comunidad política, casi como en continuando el debate (en torno a "De la hostilidad absoluta" de Derrida) sobre el desafío de la democracia de mantener su autoridad al mismo tiempo de garantizar la diferencia y la posibilidad de continuamente incorporar demandas políticas nuevas. En ese caso mencionamos la tensiones en campañas -como la de la ciudad de Buenos Aires (Jugá limpio)- en la exigencia a comportarse de una manera determinado una frontera que ubica en el lugar de "Jugar sucio" a quienes no acompañan esta consigna. (*Esto lo dice alguien que antes de esta consigna también tiraba la basura en céstos).
En todos lo casos abordamos siempre a lo mismo, a esa diferencia irreducible frente a lo múltiple.

"La política es en primer lugar el conflicto acerca de la existencia de un escenario común, la existenciay la calidad de quienes están presentes en él" (Ranciere, J. "El desacuerdo" pág. 41.)

¿Cómo establecer un lugar para la verdad en estas condiciones? La experiencia de lo estético nos podría brindar este lugar de la verdad. Aquí hay un doble movimiento. Por un lado lo estético como lo sublime como aquello que permite sentir de nuevas formas y poder reconfigurar la subjetividad política. Por otro lado lo estético como elemento de una retórica. Casi como que con la apertura en las fronteras de los géneros (literarios) provocada por la deconstrucción, ya es lícito ilustrar un argumento filosófico con un cuento de Borges. Esto hace del arte una actividad política. Esta posición es similar a la de Michel Foucault en las "Palabras y las cosas" donde atribuye al Quijote el punto de quiebre en el discurso de una época. Esta nueva forma de utilizar el lenguaje, rompiendo el vínculo entre las palabras y las cosas (donde había un molino ahora hay un gigante) se crea una nueva forma de articulación del discurso y de la realidad sobre donde intenta plegarse.
La propuesta de Ranciere busca abolir las fronteras entre lo visble y lo desible, el saber y la acción, la actividad y la pasividad. Hay ciertas verdades que son solo accesibles a través de la experiencia estética. Un caso de esto por excelencia es el mito de Edipo rey. El argumento esgrimido en "El defecto de un tema" por Ranciere logra aclarar la importancia de lo dicho y omitido en el relato -casi como una necesidad interna- para dejar a entender cosas que no pueden ser dichas sino por su omisión. Lo interesante aquí es que "El defecto de un tema" podría ser sin problema un cuento de Borges, un "Pierre Menard autor del Quijote". Esto es, esta es una verdad a la cual solo se accede a través de la experiencia estética.

Por último y articulando estas meditaciones con lo que -casi- podríamos llamar nuestro programa post-estructuralista, planteamos:

Un marco más amplio en el que enmarcar el post-estructuralismo como la post-modernidad. Ranciere habilita otras referencias que hasta ahora estaban ausentes como Lyotard y Lipovestsky. Esto nos obliga atender la cuestión del consumo egoísta y el goce edonista.
Aquí nos proponemos aceptar nuestra condición post-moderna con la distinción post-estructuralista (como claro significante vacío: de manera que la palabra en sí no tiene valor) casi como una distinción aristotélica de forma pura y forma corrupta de las formas de gobierno.
En tal caso el post-estructuralismo sería la forma virtuosa de la post-modernidad. Esto -podría ser- la forma virtuosa del consumo egoísta y el goce edonista.


martes, 24 de febrero de 2009

Ranciere

Por Leonardo Pistonesi


Mientras más nos adentramos en la obra de Jacques Rancière, más difícil resulta clasificarla. La trayectoria trazada por sus escritos lo lleva a visitar los territorios de diversas disciplinas, a reflexionar sobre las aporías de las sociedades contemporáneas desde los puntos de vista de la historia, la lingüística, la pedagogía, la estética y la teoría política. Este gesto transdisciplinario lo conduce a sumergirse en los archivos obreros, a reflexionar sobre los problemas pedagógicos de la actualidad, a pensar la poesía y a ocuparse del cine. Y, a partir de allí, a redefinir los conceptos de estética e igualdad, y a formular nuevas tesis para la política y la democracia.

En efecto, Rancière propone repensar el vínculo entre estética y política. Por un lado, define al “régimen estético del arte” como al sistema que regula la relación entre lo visible y lo decible, entre las palabras y las cosas, y, más aún, entre lo pensable y lo no pensable en un determinado régimen. Por el otro, deriva de ese concepto una dimensión política: el propio orden que establece la distribución de las partes y las funciones de lo social; las jerarquías que instituyen quién tiene derecho dominar en nombre del logos y quién debe obedecer por estar privado de éste. Rancière llamará “policía” a esa determinada configuración jerárquica de las partes de la sociedad. Y llamará “política” al litigio que pone en tela de juicio a ese ordenamiento en nombre de la igualdad. A partir de estos conceptos, Rancière busca reconstruir el proyecto de una política radical, que responda a los desafíos planteados por la posmodernidad.

 

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